Venus de Laussel

¿Por qué nos duele la regla?

«Hemos de empezar por explicar a nuestras hijas que tienen útero, que cuando se llenan de emoción y de amor, palpita con placer; recuperar las verdaderas danzas del vientre, para que cuando lleguen a la adolescencia no tengan reglas dolorosas, sino que se sientan en ese estado especial de bienestar similar al de la gravidez.»

Casilda Rodrigáñez Bustos

Entre el 50% y el 90% de las mujeres padecen menstruaciones dolorosas (1). En muchos casos, con malestar incapacitante. Frases como «es normal que la regla duela», «yo siempre me tengo que tomar una pastilla para la regla» se oyen con preocupante frecuencia. Se asume el dolor de regla como algo normal, incluso por parte de la comunidad médica.

Reflexionemos un poco sobre qué es la menstruación. Es un proceso fisiológico que consiste en la evacuación periódica del revestimiento interno del útero al no haber sido fecundado el óvulo que allí se alojaba.

Si bien otros procesos propios de nuestra fisiología, como comer, beber, orinar y defecar, no nos producen dolor en condiciones de salud, ¿por qué a la mayoría de las mujeres les duele el proceso también fisiológico de la menstruación? ¿Significa que más de la mitad de las mujeres tienen patologías en los órganos implicados? Parece poco probable.

Inflamación y contracciones

Cuando hablamos de dolor de regla, debemos centrarnos en dos factores: la inflamación y las contracciones uterinas.

Por un lado, al evacuar el endometrio (el contenido del útero), se produce una leve inflamación no patológica. Esta inflamación está mediada por las prostaglandinas, unas sustancias que dan la “orden de vaciado” al útero.

Por otro lado, para expulsar su contenido, el útero genera ligeras contracciones musculares, similares a las del parto. El cuello del útero se dilata un poco para que pueda pasar el endometrio.

Infografía sobre la regla.

En una fisiología óptima, ambos procesos no deberían provocar malestar, ni mucho menos dolor.

Causas del dolor de regla

¿Qué ocurre entonces?

Cuando hay una sobreproducción de prostaglandinas (que recordemos que es una sustancia proinflamatoria), se produce una inflamación desmesurada. Nos causa mucho malestar, nos hincha, nos obliga a permanecer en la cama hasta que pase la tormenta.

En ocasiones, las contracciones uterinas producen fuertes calambres musculares.

¿Por qué nos inflamamos?

Ante la sobreproducción de prostaglandinas, nos encontramos ante una inflamación patológica. Esta sobreproducción puede estar causada por una inflamación crónica de bajo grado, en la que el cuerpo está permanentemente inflamado sin que seamos conscientes.

¿Qué causa esta inflamación crónica de bajo grado?

  • Mala dieta. Alimentos proinflamatorios como las margarinas y los aceites de semillas (girasol, colza, etc.), alimentos que contengan gluten y caseína A1 (proteína de leche de vaca), ultraprocesados y alcohol. Estos productos tienen también un impacto negativo en nuestra microbiota, empeorando la inflamación. (2)
  • Sedentarismo. La falta de actividad física se asocia con mayor inflamación (3). Pese a que el ejercicio supone un estrés temporal para el cuerpo, el organismo lo compensa reparándose y fortaleciéndose, aumentando la masa muscular y el número de mitocondrias. El músculo participa en los procesos hormonales disminuyendo la inflamación. (4) (5)
  • Desregulación circadiana. El funcionamiento del sistema inmune se rige por los ritmos circadianos. Cuando no respetamos los ciclos de luz y oscuridad, nos inflamamos. (6)
  • Estrés crónico. El estrés sostenido en el tiempo nos conduce a la inflamación. (7)
Infografía con las causas de la inflamación.

Así pues, cuando llega la hora de segregar prostaglandinas para ayudar al útero a contraerse, estas se propagan por todo el cuerpo, ya de por sí inflamado, provocando además daños colaterales como migrañas y diarrea (dado que el intestino está muy cerca del útero, también suele recibir con frecuencia el mensaje de las prostaglandinas: “¡vacíate!”).

¿Por qué tenemos calambres en el útero?

Autores como los obstetras F. Leboyer y Grantley D. Read afirman que los calambres uterinos, tanto los de la menstruación como los del parto, son patológicos, puesto que el útero debería distenderse suavemente, dilatándose rítmicamente a lo largo de sus haces de fibras musculares. Grantley estudió una población de aborígenes africanas que tenían partos indoloros. Fray Bartolomé de las Casas afirmaba que los pueblos indígenas que conoció parían sin dolor. (8)

Tenemos muy arraigada la idea de que es normal que la menstruación (no digamos ya el parto) duela. ¿Cómo es posible que haya pueblos enteros que lo han desconocido?

Read afirma que el mecanismo de apertura de útero se da en condiciones de relajación, cuando está activado el sistema nervioso parasimpático. En cambio, en situaciones de alerta y estrés, se activa el sistema nervioso simpático, incompatible con la dilatación lenta y progresiva del cuello del útero. En un futuro artículo entraré en más detalle sobre el funcionamiento de este mecanismo.

La higiene postural también afecta a nuestra musculatura pélvica. Pasar mucho tiempo sentada en una silla no hace ningún bien a nuestro útero, ni al resto del cuerpo.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, revertir la inflamación:

  • Alimentándonos como un ser humano, con una dieta rica en alimentos antiinflamatorios como el pescado azul, el marisco, los huevos y la carne de pasto (todos ellos ricos en ácidos grasos omega 3), hongos, verduras y frutas (ricos en antioxidantes). El jengibre muestra ser muy eficaz reduciendo la inflamación y el dolor menstrual en concreto. (9)
  • Moviéndonos como un ser humano, practicando con frecuencia actividades como caminar, bailar, escalar, ejercicios corporales y de fuerza; fortaleciendo así nuestros huesos y músculos.
  • Durmiendo como un ser humano. Somos seres diurnos; nuestra biología se verá beneficiada si actuamos en consecuencia en las horas de luz y oscuridad. No siempre es posible, pues nuestra sociedad no podría funcionar sin los trabajadores nocturnos.
  • Disfrutando como un ser humano. Para combatir el estrés crónico necesitamos practicar actividades que disfrutemos: bailar, pintar, escribir, leer, socializar, estar en contacto con la naturaleza, practicar deporte, jugar…
Infografía con acciones para revertir la inflamación.

En segundo lugar, fortaleciendo nuestra musculatura pélvica e induciéndonos a la relajación.

La autora Casilda Rodrigáñez hace una reflexión sobre los pueblos no occidentalizados, observando que la postura natural de descanso no es sentarse recta en una silla, sino permanecer en posición de sentadilla profunda. De esta manera, afirma que en la vida a ras de suelo, con su continuo agacharse y levantarse, la pelvis está en continuo balanceo, movilizándose así los músculos del vientre. El movimiento de la pelvis desencadena el del útero. El contraer los glúteos también. (10)

Mujeres bosquimanas.
Fotografía de Pilar Maldonado

Mi experiencia

He sufrido reglas dolorosas desde el principio. Era dependiente del ibuprofeno, pues la inflamación que me causaba me incapacitaba.

En algún momento, me negué a seguir tomando medicamentos antiinflamatorios cada mes, y los sustituí por infusiones de jengibre. Algo me aliviaban, pero aguantaba cada mes como podía.

Fue cuando dejé el trigo y otros cereales con gluten cuando la menstruación se volvió mucho más suave. Donde antes había mucho malestar por inflamación ahora hay una somnolencia placentera, y un simple deseo de descansar. Donde antes había calambres uterinos que cortaban la respiración, ahora tan solo siento leves contracciones.

Excluir de mi alimentación productos que me inflamaban ha sido clave para revertir un malestar que nunca debería haber padecido. Porque nuestra fisiología no tiene que doler.

Fuentes

  • (1) Kho & Shields (2019). Diagnosis and Management of Primary Dysmenorrhea. JAMA.
  • (8) De las Casas, Bartolomé (1552). Historia de las Indias. Fondo de Cultura Económica, México 1986.
  • (10) Rodrigáñez Bustos, Casilda (2007). Pariremos con placer. Ediciones Crimentales.
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